Historia del reloj

Continuamos con los trabajos presentados por los alumnos de 4º C, en este caso, "La historia del reloj" es un trabajo de Hugo Sánchez Mur. Sin más preámbulos os dejo con él (con el trabajo, claro):

Como todos sabemos, un reloj sirve para medir el tiempo (saber a qué hora tienes que ir a clase, quedar con tus amigos…)
Pero, ¿Cómo funciona un reloj?, ¿Quién lo inventó?, ¿Qué partes tiene?... Ahora vamos a ver todas estas cuestiones:
Antes de que se inventara el reloj, el sol servía para dividir el día en varias partes según su posición. Con esto no bastaba ya que se necesitaba medir el tiempo con más exactitud, por eso tenían la necesidad de inventar un aparato.
Se creía que el primer reloj se inventó en Egipto, hace más de cuatro mil de años, era el reloj de sol, pero en 2011 en Ucrania, una mujer arqueóloga encontró otro más antiguo, data de la edad de bronce, eso es, alrededor del siglo trece a.C. Estos relojes tienen varios inconvenientes, solo sirven cuando hace sol, si está nublado o es de noche, no podremos saber la hora.
Ya más tarde se inventó la clepsidra (reloj de agua), que no te permitía saber qué hora era sino que medía el tiempo que pasaba, más bien era un cronometro, se utilizaba en los juicios en Egipto, se echaba agua en el pozal con el agujero y cuando se acababa el agua se le acababa el turno de palabra al hablante. Hasta la fecha, el más antiguo encontrado es de tres mil trescientos años a.C.
Los romanos, podían saber que hora era por la noche gracias a unas velas graduadas, que les servían para las guardias que tenían que hacer de noche.
En el siglo tres d.C en Egipto se inventó en reloj de arena, que podía medir hasta un día entero. Los europeos católicos, lo utilizaban para medir el tiempo de las misas. La figura superior izquierda la entrada   se representa un reloj de arena. 
A finales del siglo quinto se inventó el reloj de pesas, desde ese momento se pudo saber la hora con gran exactitud. Aquí sus partes y su funcionamiento:
  1. La pesa: es el motor que impulsa al reloj. Antes de que existiera la electricidad, los relojes se movían gracias a un mecanismo de fuerzas, la pesa es esa fuerza, que hace que giren los engranajes.
  2. El péndulo: es una pesa redonda, oscilante, situado en el extremo de una varilla metálica. A medida que ésta se mueve, el péndulo va y viene a un ritmo (casi) regular. Si de alguna manera, el péndulo se pudiera mantener en marcha y no se detuviera por fricción, este se podría utilizar para medir con exactitud el paso del tiempo. Por eso hay que darle cuerda a los relojes. Es posible diseñar péndulos con la longitud y peso correctos para que el período sea tan largo como un segundo.
  3. La rueda de escape: La rueda de escape esta formado por una serie de partes que incluyen el péndulo, una rueda dentada y un dispositivo llamado tren de engranajes. En cada oscilación del péndulo, avanza un diente del engranaje.
  4. El tren de engranajes: En un reloj, estos conectan al cilindro (que gira al caer el peso) a cada manecilla del reloj. Los diferentes tamaños de estos engranajes provocan que cada manecilla gire a una velocidad diferente. Otros sostienen el peso de modo que no caiga rápidamente
En el siglo trece se empezaron a fabricar los relojes de torre, que se solían incrustar en las paredes del ayuntamiento o de la iglesia, para que todo el mundo lo pudiera ver. Se dieron cuenta de que se le podía acoplar a ese reloj un mecanismo que sonara, las campanas  como los relojes de cuco (variante de los relojes de pesas), para que la gente supiera que hora es, en cualquier lugar que se pudiera escuchar las campanas. 

En el siglo dieciocho los relojes de pulsera se hicieron populares entre las mujeres, resultaban  muy cómodos y se podía llevar a cualquier parte. A partir de entonces los llevaba todo el mundo. Eran bastante exactos, se retrasaban o adelantaban tres segundos al año. Aquí se puede ver unos por dentro:
    
Aquí se ve una excelentísima explicación de las partes de un reloj y su funcionamiento:




La mayor precisión conseguida hasta ahora es la del último reloj atómico que empezó a funcionar en 1999, desarrollado por la Oficina Nacional de Normalización, es tan exacto que tiene un margen de error de un segundo cada 30.000 años