Sistema métrico (II)

Intentamos justificar el otro día la necesidad de tener un sistema de medidas confiable y reproducible en todo el mundo, que permitiese los intercambios científicos, culturales, comerciales, etc., y que nos mantuviese a salvo de las arbitrariedades regionales que hacían que unidades con una misma denominación (la vara, por ejemplo) tuviesen diferente valor en uno u otro país o región. Un mundo globalizado exige la utilización de un sistema de medición práctico, unificado, racional, reproducible y neutral.
El Sistema Métrico Decimal es un sistema de unidades, que tiene por base el metro, en el cual los múltiplos y submúltiplos de cada unidad de medida están relacionados entre sí por múltiplos o submúltiplos de 10.  
Se adopta así un patrón con tres magnitudes básicas: longitud, masa y tiempo (LMT): 
  1. Como unidad de medida de longitud se adoptó el metro, definido como la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre, cuyo patrón se reprodujo en una barra de platino iridiado. El original se depositó en París y se hizo una copia para cada uno de los veinte países firmantes del acuerdo.
  2. Como medida de masa se adoptó el kilogramo, definido a partir de la masa de un litro de agua pura a su densidad máxima (que se corresponde con una temperatura de unos 4 °C) y materializado en un kilogramo patrón.
  3. Como medida del tiempo se adoptó el segundo, definido como el tiempo necesario para que el átomo de cesio vibre 9 192 631 770 veces.
A pesar de las indudables ventajas de este patrón universal, conseguir su aceptación global no ha sido un proceso breve ni sencillo. Incluso en nuestros días no todos los países -se estima que el 95 % de la población mundial vive en países en los que se usa el sistema métrico y sus derivados- lo reconocen y mantienen sus sistemas autóctonos (Birmania, Liberia y los EE. UU. todavía no han reconocido el SI como sistema prioritario y único). Te dejo un par de pinceladas sobre la historia de este largo y arduo camino:
La primera adopción oficial del sistema ocurrió en Francia en 1791 después de la revolución francesa de 1789. La revolución, con su ideología oficial de la razón pura facilitó este cambio y propuso como unidad fundamental el metro (en griego, medida).
Otra revolución, la industrial en este caso, exigió la normalización de las piezas mecánicas para lo cual era de la mayor importancia la realización de mediciones precisas. Las tolerancias en la fabricación de las piezas enmascaraban las discrepancias introducidas por los patrones de medición utilizados al punto que pareció poco práctico acompasar los patrones con los nuevos instrumentos de medición. Se decide romper con la relación que existía entre los patrones y sus fuentes naturales, de tal forma que los patrones en sí se convirtieron en la base del sistema y permanecieron como tales hasta 1960, año en el que el metro fue nuevamente redefinido en función de propiedades físicas y luego, en 1983, la Conferencia General de Pesos y Medidas celebrada en París hace una nueva definición del metro como la distancia recorrida por la luz en vacío durante 1/299.792.458 de segundo. De esta forma, el metro recobró su relación con un fenómeno natural, esta vez realmente inmutable y universal. El kilogramo, sin embargo, permanece formalmente definido basándose en el patrón que ya tiene dos siglos de antigüedad.