RRR. Las tres "R"

Tranquilo, que no tengo al perro de mal humor (“rrr”). Se trata de completar la entrada anterior, la de los residuos sólidos urbanos (RSU) con algo de participación ciudadana, con colaboraciones domésticas. En ocasiones nos encontramos con un problema, lo analizamos y cuando llega el momento de la acción surgen las preguntas: “Sí, hay un problema, pero ¿qué puedo hacer yo?” Seguro que no puedes resolverlo completamente (en ese caso únicamente tú serías el causante del problema, sea por acción u omisión en aplicar la solución que estaba en tu mano), pero también es seguro que, al menos en este caso, puedes contribuir a la solución. Y es que existen situaciones en las que no añadiendo “problema al problema”, ya contribuimos a solventarlo. 
Según el RAE, una de las acepciones de reciclar es someter un material usado a un proceso para que se pueda volver a utilizar. Se trata pues de someter a un producto a un proceso mecánico o fisicoquímico para obtener bien una materia prima o un nuevo producto. Ahora bien, reciclar es sólo parte de la estrategia del tratamiento de residuos de las tres R, que engloba acciones destinadas a reducir la producción de objetos susceptibles de convertirse en residuos, reutilizar los objetos para darles un segundo aire (con el mismo uso u otro diferente) y reciclar. Las consecuencias perseguidas son la disminución de la producción de residuos y de la subsecuente contaminación, la preservación de los recursos naturales y la reducción de costes asociada a la producción de nuevos bienes.
Antes de continuar con una glosa de nuestra posible intervención en cada una de las “R”, me gustaría dejarte otra excelente infografía del Eroski Consumer en la que, pieza a pieza, se nos da información acerca de qué podemos hacer:


Vamos ahora con lo prometido, a explayarnos con cada una de las “R”:
  1. Reducir no es no consumir sino hacerlo adecuadamente a nuestras necesidades, de forma sostenible. Se trata de intentar evitar el uso de productos de usar y tirar o de aquellos que llevan un embalaje excesivo. Existe otras medidas de ahorro aplicables a nuestra vida diaria: no dejar grifos abiertos, arreglar los que goteen (sigue la pista de este interesante artículo sobre el agua virtual y la huella hidrológica), evitar el desperdicio de alimentos, utilizar el transporte público, ir en bicicleta, conducir de manera ecológica, aprovechar el papel por sus dos caras, recibir información en formato electrónico, usar las bibliotecas públicas, etc. Este tipo de accione presentan una ventaja medio ambiental y otra económica, pues nos ahorramos dinero.
  2. Reutilizar consiste en alargar la vida útil de los objetos, usar carros o bolsar reutilizables para la compra, rellenar los cartuchos de tinta de la impresora, hacer uso de objetos de segunda mano (libros, discos, muebles, ropa…), donar las gafas viejas a las ONGs para que hagan uso de ellas en los países en desarrollo, reutilización de las aguas grises (usar el agua de cocción de los alimentos para regar,…), transformación de residuos en objetos de valor (upcycling), reciclar aparatos electrónicos a distancia, etcétera. Al igual que antes con esta “R” contribuimos con el medio ambiente (al menos no lo deterioramos) y también podemos sacar (o ahorrar) algo de dinero.
  3. Reciclar. Si ya hemos consumido y reutilizado de forma sostenible llega el turno del reciclaje, para el que, a nivel doméstico resulta imprescindible el conocer los tres contenedores básicos, el azul para el papel y cartón, el amarillo para el plástico y el metal y verde para el vidrio (todos cometemos errores en el uso de los contenedores, pero podemos minimizar nuestros despistes echándole un vistazo a “errores en el reciclaje”. Existen, para usuarios avanzados, y seguro que tú eres uno de ellos, otros contenedores para pilas, aceite usado y bombillas.
Ya no tienes excusa para no reciclar, reducir o reutilizar, sé solidario con el planeta y no te enfades (rrr).