Lámparas LED

En 1962 Nick Holonyak parió los llamados diodos emisores de luz o diodos LED, con lo cual, si las cuentas no nos fallan, estamos en el quincuagésimo aniversario de estos diodos cuyas aplicaciones han pasado de ser simplemente el pilotito rojo que nos señala el estado de espera de un electrodoméstico (stand by, escribiría si supiera idiomas) a ser un elemento común, frecuente, popular en nuestras vidas, pues ya no sólo “enciende” sino que también “ilumina” nuestros televisores, las pantallas de nuestros móviles y libros electrónicos, los semáforos, las luces de los vehículos y hasta los árboles de Navidad.
El aumento del uso de este tipo de tecnologías parece extenderse a la iluminación de nuestros hogares, sobre todo si consideramos que la prohibición para la fabricación de lámparas incandescentes, nuestras bombillas de siempre, vaya, ha entrado en vigor el 1 de septiembre del presente año en la Unión Europea, con lo que, la sustitución de las bombillas fundidas tendrá que proveerse, todo parece indicarlo así, de las huertas en las que crece las lámparas de bajo consumo o fluorescentes, las lámparas halógenas y las lámparas LED. Para decidirnos a que hortelano acudir y comparar el funcionamiento de uno y otro tipo de lámpara, viene en nuestra ayuda esta infografía elaborada por Eroski Consumer:
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Ahora bien, ¿qué es un LED? Básicamente se trata de un dispositivo semiconductor que emite luz al paso de una corriente eléctrica. Los diodos LED consumen poca energía pero también dan poca luz, por lo que se usan agrupados en circuitos electrónicos de tal forma que la cantidad de luz que se quiera conseguir (medida en lúmenes) es proporcional al número de diodos instalados. 
En cuanto a las razones del éxito de este tipo de iluminación podemos aportar las siguientes:
1. Encendido inmediato. Si no acabas de entender esta ventaja, piensa en el encendido progresivo de las lámparas de bajo consumo y en el peligro que supondría instalar este tipo de tecnología en las lámparas de frenado de un automóvil.
2. Larga vida útil. Según los fabricantes, entre 25000 y 30000 horas, con lo que, si las cuentas no nos fallan, podemos estar casi tres años y medio con la luz encendida ininterrumpidamente (larga es la noche que se nos viene encima).
3. Gran eficiencia luminosa. La eficiencia en este caso es la relación entre la cantidad de luz producida y su consumo energético invertido en producirla. Una bombilla LED gasta un 80% menos de electricidad que una bombilla incandescente, ahorro similar al de una bombilla fluorescente, pero, sin embargo, sobre estas últimas presentan las siguientes ventajas adicionales: 
  • La bombilla LED soporta un elevado número de ciclos de encendido y apagado.
  • Existen lámparas de diferentes colores y permiten el uso de reguladores de intensidad, lo que, conjuntamente permite crear distintos ambientes y adaptarse a diferentes necesidades de iluminación.
  • No tienen mercurio en su interior, elemento nocivo para la salud y el medio ambiente.
Algún inconveniente habrá, ¿no?. No sólo uno, yo voy a señalarte tres: El principal es el precio puesto que aunque a lo largo de toda su vida útil, su coste (consumo más reemplazos) sería muy inferior al uso de focos halógenos o bombillas incandescentes, la inversión inicial es capaz de disuadir de su compra a muchas personas. Otro factor negativo es el hecho de que, al contener circuitos electrónicos, las bombillas LED también deben ser retiradas de forma correcta a través de puntos de recogida específicos o puntos limpios. Y el tercero, apunta a posibles efectos negativos sobre la salud, cambios en la producción de melatonina, contaminación lumínica y alteraciones en las especies de vida nocturna por la emisión de radiaciones de onda corta.

Bueno, con esta información ya puedes decidirte su compra o no. Lo que no tiene justificación es que no comentes la entrada.