La energía solar es un tipo de energía renovable que convierte la energía del sol en otra forma de energía, para adaptarla a nuestras necesidades de consumo eléctrico o de consumo de calor. Para ello, hay que utilizar dispositivos que transformen la energía del Sol en energía aprovechable por el hombre.
Parecía la solución perfecta dada su gratuidad y universalidad al provenir directamente del Sol. Para los usuarios el gasto está en el proceso de instalación del equipo solar (placas solares, inversores, termostatos…), pero su amortización para establecerse, dependiendo de la instalación, entre unos doce y dieciocho años mientras que su funcionamiento puede durar unos treinta.
La potencia de la radiación varía según la latitud, el momento del día y las condiciones atmosféricas, si bien, en unas buenas condiciones de radiación (irradiancia) el valor se estima en 1 kW/m² en la superficie terrestre.
La radiación es aprovechable en sus componentes directa y difusa, o en la suma de ambas. La radiación directa es la que llega directamente del foco solar, sin reflexiones o refracciones intermedias. La difusa es la emitida por la bóveda celeste diurna gracias a los múltiples fenómenos de reflexión y refracción solar en la atmósfera, en las nubes y el resto de elementos atmosféricos y terrestres. La radiación directa puede reflejarse y concentrarse para su utilización, mientras que no es posible concentrar la luz difusa que proviene de todas las direcciones.
